Las autoridades de Nueva Zelanda decretaron este sábado estado de emergencia y toque de queda en Christchurch (300 kilómetros al sur de la capital) la segunda ciudad más grande del país, luego de que un intenso terremoto de 7,2 que ocasionó decenas de heridos y numerosos daños materiales en estructuras.
La medida fue impuesta en el distrito central de negocios de Christchurch entre las 19H00 y las 07H00 GMT de este sábado. Más temprano, se había declarado un estado de emergencia en esa ciudad de cerca de 350 mil habitantes con el fin de que las autoridades pudieran coordinar las acciones para la recuperación de los daños.
El primer ministro, John Key, señaló que los daños en esa ciudad "son increíblemente aterradores. La única cosa que puedo decir es que es un milagro que nadie muriera", tras el sismo cuya profundidad fue de 10 kilómetros cerca de las 04H35 hora local (16H35 GMT del viernes).
El hospital de la ciudad reportó el ingreso de dos hombres con heridas serias, uno alcanzado por la caída de una chimenea y el otro por cortes con vidrio.
Entre otros daños materiales, la población sufrió el corte de las líneas de electricidad, destrucción de puentes, caminos y edificios.
Key, quien se desplazó a la ciudad para dar cuenta de la destrucción, adelantó que según los primeros cálculos, los daños estarían cerca de los mil 400 millones de dólares (2 mil millones de dólares neozelandeses).
Agregó que luego de producirse el temblor, la ciudadanía se mantiene a la expectativa y muchos han manifestado intranquilidad. El premier subrayó que a pesar de que algunas comunidades han respondido bien, se han registrado algunos casos de saqueo.
Varias réplicas siguieron al violento terremoto de este viernes por lo que las autoridades decidieron momentáneamente el cierre temporal del aeropuerto de la ciudad que ya fue reabierto y actualmente está funcionando. Por su parte, la red de ferrocarriles y los puentes en la región están siendo revisados.
El servicio eléctrico fue restaurado en un 90 por ciento en la zona urbana de Christchurch y un 80 por ciento en la red rural.
En cuanto al suministro de agua, las autoridades trabajaban para transportar el vital líquido en grandes contenedores pues las estaciones de bombeo quedaron fuera de servicio y las cañerías están dañadas.
La Policía de la zona ordenó un despliegue de unos cien hombres para resguardar las localidades más afectadas con el fin de garantizar la seguridad ciudadana.
En Nueva Zelanda no se decretaba el estado de emergencia por terremoto desde diciembre de 2007, cuando el movimiento telúrico de 6,8 estremeció la zona de Gisborne, en la Isla Norte del país.